Diferencias entre el estrés y la presión en el trabajo

A menudo escuchamos frases como: “trabajo en un ambiente de mucha presión” y “tengo un trabajo muy estresante” que se utilizan indistintamente como si el estrés y la presión son exactamente lo mismo. Pero según los especialistas, hay una diferencia fundamental entre el estrés y la presión.

El estrés se refiere a una situación donde existen demasiadas demandas y pocos recursos –tiempo, dinero, energía– para cumplir con ellas. Mientras que la presión es una situación en la que percibimos que algo importante depende del resultado de nuestro desempeño.

Para ayudarnos a pulir esta distinción, la recomendación es que cada vez que sienta “angustia”, pregúntese: “¿Me estoy sintiendo abrumado por las cosas que me piden hacer, o siento que tengo que producir un resultado específico?” Si su caso es el primero y se siente abrumado por tener demasiadas exigencias y escasos recursos, entonces está estresado. Si se encuentra en una situación en la que siente que tiene que dar un resultado óptimo, eso es presión.

¿Cómo responder al estrés y la presión?

Distinguir entre el estrés y la presión da lugar a diferentes cursos de acción. En una situación de estrés, el objetivo debe ser sentirse menos abrumado, pero en una situación de presión, tener un desempeño exitoso es la meta. Existen diferentes estrategias para disminuir el estrés: priorizar, delegar y respirar, son algunas de ellas. Mientras que para la presión, aprender a controlar los pensamientos distorsionados, reducir las agitaciones nocivas y disminuir las acciones impulsivas son solo algunas de las claves para reducir nuestros sentimientos de angustia frente a esa actividad que nos demanda más de lo normal.

Cuando no entendemos la diferencia fundamental entre el estrés y la presión, estamos en riesgo de hacer que cada pequeño inconveniente parezca una situación de presión.

Si siempre tiene la idea de que está bajo presión, entonces creerá que debe tener éxito todo el tiempo. Esta reacción exagerada a molestias cotidianas tiene un costo en nuestro rendimiento, ya que elimina valiosos recursos psicológicos y físicos. Perdemos la capacidad de pensar claramente y nuestra energía se emplea de mala manera a medida que continuamos actuando como si las actividades cotidianas son una cuestión de vida o muerte.

Fuente: Diario Gestión

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